lunes, 25 de febrero de 2008

Knightley destrona a Monroe y Hepburn como la mejor vestida de la historia del cine

La actriz Keira Knightley ha deslumbrado a los expertos en moda de la revista británica In Style y a SkyMovies, la plataforma británica de canales de cine y televisión, con el vestido verde esmeralda que lleva en el filme Expiación: Más allá de la pasión, de Joe Wright. Hasta el punto de calificarlo como la mejor indumentaria de la historia del cine, desbancando al espectacular y volátil modelo blanco que Marilyn Monroe lució como nadie sabría hacerlo en La tentación vive arriba, de Billy Wilder. De hecho, una de las estampas más retratadas y recordadas en la historia del séptimo arte es aquella en la que la mítica actriz está sobre una rejilla en la calle y el vestido se le levanta al paso del metro, descubriendo sus piernas.La encuesta de las 10 maravillas de la costura que nos han hecho soñar en la gran pantalla revela que la vestimenta que luce Knightley con toda su sensualidad en este drama ambientado en la Inglaterra de 1935 ha arrebatado el primer puesto en el ranking a otros clásicos del cine, como el de Monroe y el famoso little black dress, el traje negro del modisto Givenchy que vistió la actriz Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes, un referente de glamur, estilo y elegancia. Esta creación, ahora en el tercer puesto, fue subastada en Christie's por unos 700.000 euros, el precio más alto que jamás ha alcanzado en una puja una prenda perteneciente al mundo de la gran pantalla.En pocos días, el traje vencedor --que a simple vista guarda ciertas similitudes con la haute couture de Emanuel Ungaro-- se ha convertido en el modelo más buscado en las tiendas de todo el mundo. No exactamente el que luce la actriz inglesa en la película, porque se trata de un encargo especial que le hicieron los productores del filme a la diseñadora Jacqueline Durran. Pero se trata de un diseño muy parecido de la firma neoyorquina Faviana inspirado en el vestido de Knightley. Este mes se ha puesto a la venta en internet por unos 200 euros, pero se ha agotado a los pocos días.EL MONO DE LICRA NEGRO DE 'GREASEEl puesto número cuatro lo ocupan la rockera más modosa, Olivia Newton-John, y el ajustadísimo mono negro de licra que paseaba con zapatos rojos de tacón en Grease. En el quinto puesto aparece Titanic, con el deslumbrante vestido azul que Kate Winslet lleva cuando besa por primera vez a Leonardo di Caprio en la proa del buque de los sueños. Le sigue el look masculino con chaleco, camisa blanca, corbata de topos y pantalón de elefante de estilo setentero de la musa de Woody Allen, Diane Keaton, en Annie Hall.El corsé de satén en la percha de Nicole Kidman en Moulin Rouge se coloca en séptimo lugar, mientras que las medias y el histórico bombín de Liza Minnelli en Cabaret y el fastuoso traje de época que luce la reina inglesa más famosa de todos los tiempos en el filme Elizabeth: La edad de oro, interpretada por Cate Blanchett, se sitúan en octavo y noveno puesto, respectivamente.Cierra esta clasificación, Vivien Leigh con el fastuoso e inolvidable vestuario de Lo que el viento se llevó. La "señorita" Escarlata siempre estaba maravillosa con el moño bajo y los vestidos con cancán con los que se convertía en la más bonita de Atlanta y enamoraba al caradura más encantador de la historia del cine: Rhett Butler, encarnado por Clark Gable.

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"Me gustaría hacer una prostituta adicta al crack"

A veces cuesta acordarse de que la actriz británica Keira Knightley tiene nada más que 22 años. No es que parezca o se comporte como vieja. Conserva todavía ese aspecto de adolescente flacucha que le valió el rótulo de joven belleza sexy. Sin la más mínima timidez, apareció casi desnuda en la tapa de Interview, y con un sombrero bombín estratégicamente puesto en un aviso de Chanel.

Y además sigue hablando todavía impulsivamente y usando malas palabras, con indiferencia respecto de lo que puedan pensar demás. Escucharla es como una especie de aventura; tal vez sea por eso que el Instituto Real de No Videntes declaró hace poco su voz como la segunda más sexy de Gran Bretaña. (la número 1 es del considerablemente más viejo Sean Connery).

Por otro lado, parecería que Knightley, que actúa casi en forma constante desde que tiene siete años, circula desde una eternidad y ya tiene un CV de actriz mucho más madura. Este incluye una franquicia millonaria de Disney (los tres capítulos de la saga Piratas del Caribe), un par de desastres memorables (Dominó y Regresiones de un hombre muerto), una indulgencia de vacaciones (Realmente amor) y dos adaptaciones literarias de calidad (Orgullo y prejuicio, por la que ganó una nominación de la Academia a mejor actriz en 2005), y Expiación, deseo y pecado, basada en la novela de Ian McEwan, que ya le valió una nominación para el Globo de Oro. La película es candidata al Oscar y se estrena este jueves.

Ya están en camino películas basadas en las vidas de Dylan Thomas (The Edge of Love, con guión de su madre, Sharman Macdonald, donde Knightley interpreta a un amor temprano de Thomas) y de una mujer mundana y esclava de la ropa, Georgiana, Duquesa de Devonshire, basada en la biografía de Amanda Foreman.

Estas tres películas exigieron que usara ropa de época, lo cual aumenta la idea que da de ser una actriz mayor. La hemos visto en atuendos medievales y con un bizarro traje de arquería de la época del Rey Arturo, con vestidos estilo Imperio y disfrazada con calzones, con uniforme de enfermera de los '30, con un adherente vestido de noche verde y un traje de baño blanco a lo Esther Williams. Se diría que ella también quedó atrapada en una alteración cronológica.

"No me parece extraño haber estado en tantas películas de época", dijo Knightley almorzando en Nueva York. "No, si miramos la industria cinematográfica británica, y especialmente lo que se exporta. Antes eran gángsters, ahora son obras de época. Cuando se piensa en Gran Bretaña, se piensa en el pasado. No se piensa tanto en el presente".

El personaje que Knightley interpreta en Expiación..., Cecilia Tallis, una joven rica que se enamora del hijo (James McAvoy) de una de las empleadas de servicio de la familia en 1935, no podía parecerse menos a ella en la vida real. Cecilia, al comienzo al menos, es esnob, frágil y pusilánime y está llena de un resentimiento que traslada a los otros. Knightley es gentil, vivaz y despreocupada; habla a toda velocidad con un acento que es casi de clase alta pero no totalmente, y utiliza mucho el lenguaje corporal y gestos con las manos para dar énfasis a lo que dice.

"Me enamoré de ella porque no es particularmente encantadora", dice. "Todos tenemos épocas en que estamos mal con otros, pero rara vez se ve en el cine, donde todo es siempre blanco y negro. Cecilia es distinta. Obviamente desborda de emociones y no tiene manera de articularlas".

La otra cosa que hace parecer mayor a Knightley es la inteligencia y elocuencia excepcionales que exhibe cuando habla de actuación. Acaso se deba a que lo ha hecho toda la vida.

Una palabra que Knightley utiliza a menudo hablando de sí misma es obsesiva. "Soy muy obsesiva con el cine -dice-. Me encanta ver películas. Me encanta cómo se hacen, y me encanta participar". Durante el almuerzo barajó media docena de actuaciones que ha estado estudiando, sobre todo las de George Clooney y Tilda Swinton en Michael Clayton, Marion Cotillard en La Vie en Rose y Chazz Palminteri en A Guide to Recognizing Your Saints. Pero sus comentarios más detallados, curiosamente, se centraron en algunos clásicos, Nido de ratas, por ejemplo.

"Esa escena con Rod Steiger y Marlon Brando atrás en el taxi -dice-. ¡Qué increíble! Hoy sería imposible mantener esa escena en plano contra plano. Habría acercamientos y alejamientos constantes. Pero ahí la toma siempre es amplia y el clima entre los dos actores, al ser tan contenido, es absolutamente increíble. Me obsesionó".

También habló de Breve encuentro, el clásico lacrimógeno de Noel Coward, ambientado en 1945, y Sangre, sudor y lágrimas, la saga patriótica de Coward sobre la tripulación de un destructor británico, que ella y el resto del elenco de Expiación... vieron junto con Wright, como parte de su tarea para el hogar sobre la Segunda Guerra Mundial.

"Estaba muy al tanto de las películas norteamericanas de esa época, pero no de las británicas -dice-. No sé por qué, pero seguramente tiene que ver con el acento. Es un poco discordante. Ya no se oye más ese acento en Gran Bretaña. Después de los '50 dejó de quedar bien que sonara tan 'pituco'. Pero el estilo es increíble, prácticamente sin pausas. El estilo actual es una especie de pseudo-naturalismo, pero no lo es en absoluto. Hay muchas pausas excesivas y un ritmo muy definido en la forma en que trabajamos. Esa gente... son como ametralladoras, avanzan con todo. En realidad lo prefiero. Muy concreto y sin embargo uno lo siente. Es muy liberador".

Viene el mozo para retirar lo poco que ha quedado de su ensalada Cobb -desmintiendo los rumores, no parece para nada anoréxica- y mientras hablaba de sus planes para el futuro, y de la posibilidad de actuar en un escenario, de golpe dice: "Bueno, siempre digo que el papel que más me gustaría hacer es en realidad una puta adicta al crack. Pero todos me dicen: Nunca serías creíble porque antes conseguirías un contrato como modelo".

Se encoge de hombros: "Bueno, éste es un medio visual".

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